7 cosas que debes saber antes de construir tu vivienda en Alicante
Clima, sol, lluvia, mar, ventilación y sismicidad: los factores del lugar que conviene conocer antes de proyectar una vivienda en Alicante.
Antes de construir, también hay que mirar dónde construimos
Cuando proyectamos una vivienda no solo tenemos que pensar en la distribución, los metros cuadrados o la estética. Hay otro factor igual de importante: el lugar en el que se va a construir.
Porque una misma vivienda no debería resolverse igual junto al mar que en el interior, ni en una parcela completamente llana que en otra expuesta al sol durante todo el día.
El clima, la cercanía al mar, la orientación de la parcela o incluso las características sísmicas de la zona son algunos de los factores que pueden influir directamente en cómo diseñamos y construimos una vivienda.
Entonces, ¿qué debemos tener en cuenta si queremos construir una casa en Alicante?
Hay ciertas cuestiones que merece la pena conocer desde el principio, porque muchas de ellas pueden condicionar decisiones importantes del proyecto.
1. El calor condiciona el diseño

En Alicante tenemos la suerte de disfrutar de muchas horas de sol durante gran parte del año. Pero, ¿qué ocurre cuando llega el verano?
Ese mismo sol que durante otras épocas resulta tan agradable puede convertirse en una de las principales causas de sobrecalentamiento de una vivienda.
Por eso, cuestiones como la orientación, la posición y el tamaño de los huecos, el aislamiento, las protecciones solares o la ventilación no deberían estudiarse de manera independiente. Todas ellas forman parte de una misma estrategia.
Y aquí aparece una idea bastante habitual: si quiero una casa muy luminosa, ¿necesito llenar la fachada de grandes ventanales?
No necesariamente.
Un gran ventanal puede aportar muchísima luz natural, mejorar las vistas y conectar visualmente la vivienda con el exterior. Pero si recibe radiación solar directa durante varias horas y no cuenta con una protección adecuada, también puede provocar que la temperatura interior aumente considerablemente.
Entonces, ¿cómo podemos conseguir luz sin convertir nuestra casa en un invernadero durante el verano?
Muchas veces la respuesta está en la propia arquitectura: estudiar correctamente la orientación de las estancias, controlar el tamaño y posición de los huecos, incorporar voladizos o protecciones solares y favorecer, siempre que sea posible, la ventilación natural.
Al final, el objetivo no es evitar el sol.
Es saber aprovecharlo cuando nos beneficia y protegernos de él cuando puede convertirse en un problema.
2. La casa no termina en sus paredes

En Alicante, tenemos la suerte de poder disfrutar de los espacios exteriores durante buena parte del año. Entonces, ¿por qué diseñarlos como algo independiente de la vivienda?
Terraza, porche, jardín o piscina no deberían aparecer al final del proyecto, cuando el interior ya está completamente resuelto. Lo ideal es que formen parte del diseño desde el principio.
La relación entre el salón y la terraza, la conexión de la cocina con una zona de comedor exterior, las vistas hacia la piscina o la existencia de un porche protegido pueden cambiar por completo la forma en la que utilizamos la casa.
Y aquí aparece una pregunta importante: ¿podemos conseguir que una vivienda se sienta más amplia sin aumentar sus metros cuadrados?
Muchas veces, sí.
Cuando interior y exterior se diseñan de forma conjunta, los límites de la vivienda se difuminan y los espacios se perciben de una manera mucho más continua.
Además, pensar ambos ámbitos al mismo tiempo permite estudiar mejor cuestiones como la privacidad, las sombras, los recorridos o la relación entre las distintas zonas de la parcela.
En un clima como el nuestro, el exterior no debería entenderse como un complemento, sino prácticamente como una estancia más de la casa.
3. Antes de construir, mira dónde puede llegar el agua

Cuando pensamos en Alicante, lo primero que suele venirnos a la cabeza es el sol. Pero, ¿qué pasa con la lluvia cuando llega de forma intensa?
Aunque no llueva con frecuencia, hay episodios en los que una gran cantidad de agua puede concentrarse en muy poco tiempo. Y precisamente por eso, antes de construir, es fundamental entender bien la parcela y su entorno.
La presencia de ramblas, barrancos, zonas potencialmente inundables, desniveles o recorridos naturales del agua puede condicionar tanto la implantación de la vivienda como algunas soluciones del proyecto.
Pero no todo se reduce a pensar en una gran inundación.
También hay que preguntarse: ¿hacia dónde va el agua cuando llueve en nuestra parcela? ¿Dónde están los puntos bajos? ¿Cómo se evacúa el agua de una terraza, un patio o una cubierta?
Todas esas decisiones forman parte del proyecto.
Una pendiente mal resuelta o un punto de acumulación de agua puede convertirse después en un problema que habría sido mucho más sencillo evitar desde el principio.
Por eso, una de las primeras cosas que conviene estudiar es cómo se comporta el agua en la parcela y qué condicionantes existen a su alrededor.
4. El mar también deja huella

Vivir cerca del Mediterráneo tiene un atractivo evidente, pero también implica ciertas condiciones que conviene tener en cuenta.
El ambiente marino y el salitre pueden acelerar el deterioro de algunos elementos, especialmente aquellos que están expuestos de forma continua al exterior.
Entonces, ¿basta con elegir un material porque nos gusta cómo se ve?
No siempre.
Carpinterías, barandillas, fijaciones, herrajes, elementos metálicos o determinados acabados pueden comportarse de forma muy distinta dependiendo de la proximidad al mar y de su grado de exposición.
Por eso, cuando elegimos materiales, no solo deberíamos pensar en cómo se ven el primer día.
También deberíamos preguntarnos: ¿cómo estarán dentro de cinco, diez o veinte años? ¿Qué mantenimiento van a necesitar?
Una vivienda junto al mar no tiene por qué resolverse de una forma completamente distinta, pero sí conviene seleccionar cada material pensando en el entorno real al que va a estar expuesto.
Porque en arquitectura, la durabilidad también forma parte del diseño.
5. La sombra no se improvisa

En nuestro clima, una buena sombra puede ser tan importante como una buena ventana.
Porches, voladizos, pérgolas, lamas o protecciones móviles permiten controlar la entrada directa del sol y hacer mucho más agradables los espacios interiores y exteriores durante los meses más calurosos.
Pero hay una diferencia importante entre tener sombra y diseñar bien la sombra.
¿Sirve cualquier voladizo? ¿Vale cualquier pérgola?
No necesariamente.
Su profundidad, orientación y posición influyen en cuándo y cómo protegen la vivienda.
Un voladizo bien estudiado puede evitar una entrada excesiva de sol en verano y, al mismo tiempo, permitir que esa misma radiación entre durante el invierno, cuando el sol está más bajo.
Y con una terraza ocurre exactamente lo mismo.
Podemos tener muchos metros cuadrados de espacio exterior, pero si a la hora en la que queremos utilizarlo está completamente expuesto al sol, ¿realmente estamos aprovechando esa terraza?
Por eso, la sombra debería estudiarse al mismo tiempo que la orientación, las fachadas y los espacios exteriores.
No se trata simplemente de añadir una pérgola al final.
Se trata de hacer que la propia arquitectura gestione el sol.
6. Diseñar para que el aire circule

Cuando pensamos en confort, muchas veces pensamos directamente en aire acondicionado.
Pero, ¿puede la propia vivienda ayudarnos a estar más cómodos antes de encender ningún sistema?
Sí.
La distribución, la posición de los huecos y la relación entre las estancias pueden favorecer el movimiento natural del aire.
Cuando la orientación y las características de la parcela lo permiten, disponer huecos en fachadas diferentes puede generar ventilación cruzada, haciendo que el aire recorra determinadas zonas de la vivienda.
Patios, dobles orientaciones, espacios abiertos o una correcta posición de puertas y ventanas también pueden contribuir a mejorar ese comportamiento.
Esto no significa que la ventilación natural sustituya siempre al aire acondicionado en los días más calurosos del verano.
Pero sí puede ayudar a reducir su uso y hacer mucho más agradables determinadas épocas del año.
Entonces, antes de pensar únicamente en climatizar, merece la pena preguntarse: ¿estamos aprovechando correctamente las condiciones naturales del lugar?
Una vivienda bien diseñada debería hacerlo siempre que sea posible.
7. Alicante también es zona sísmica

Este es probablemente uno de los aspectos que menos se plantea alguien cuando empieza a imaginar su futura vivienda.
Cuando pensamos en una casa nueva, hablamos de distribución, materiales, vistas o eficiencia.
Pero, ¿alguna vez pensamos en cómo responde la estructura del edificio frente a un movimiento sísmico?
En la provincia de Alicante, la sismicidad también es un factor que debe tenerse en cuenta dentro del proyecto estructural.
Para el propietario, esto no significa tener que decidir qué sistema estructural utilizar ni cómo se calcula.
Esa parte corresponde a los técnicos responsables del proyecto.
Lo importante es entender que una vivienda no se calcula exactamente igual independientemente del lugar en el que se construya.
El tipo de estructura, las características del terreno y las acciones que debe soportar el edificio forman parte de un mismo proceso de diseño y cálculo.
Y aunque muchas de estas cuestiones no se vean cuando la vivienda está terminada, son precisamente las que ayudan a garantizar su seguridad y correcto comportamiento.
Diseñar una vivienda también significa entender el lugar
Cada parcela tiene sus propias condiciones.
Y por eso dos viviendas con exactamente las mismas necesidades pueden acabar siendo completamente diferentes.
Una puede encontrarse junto al mar y otra en el interior. Una puede estar en una parcela completamente llana y otra en pendiente. Una puede recibir mucho sol de tarde y otra estar más protegida.
Entonces, ¿tiene sentido diseñarlas exactamente igual?
Probablemente no.
Antes de decidir cómo será una vivienda, hay que entender dónde se va a construir.
En CBArquitectura estudiamos desde las primeras fases del proyecto la parcela, la orientación, el entorno y las necesidades de quienes van a vivir en ella para que cada decisión tenga un porqué.
Porque diseñar una vivienda no consiste únicamente en conseguir una casa bonita.
Consiste en conseguir una vivienda pensada para su lugar y para las personas que van a vivirla.